| Cada tanto
-semana de por medio, digamos- el presidente de la
Nación suele enojarse con parte de la prensa
u organismos que critican al Gobierno por condicionar
la libertad de expresión. Más allá
de las limitaciones que esta administración
impone al periodismo, ahí no está la
novedad. Tampoco en los continuos arrebatos presidenciales
cuando no logra dominar los títulos que aparecen
en los diarios. La noticia, dramática e increíble,
es ésta: los ministros de Néstor Kirchner
no tienen libertad de expresión.
El gabinete completo calla. Los ministros se autocensuran,
aun cuando se les ofrezcan espacios para promocionar
sus logros o proyectos. Prefieren así evitar
la ira del santacruceño, aunque falten a su
deber de difundir los actos de gobierno. Ahora, desde
esta revista, donde desde octubre del 2003 venimos
revelando las presiones oficiales a periodistas y
medios de comunicación, creemos necesario salir
en defensa de esos funcionarios de primera línea
que tienen prohibido hablar. Alguien debía
pedirlo, y sería bueno que organizaciones nacionales
e internacionales que trabajan por los derechos humanos
apoyen este pedido: libertad de expresión para
los ministros de la Argentina, que están muertos
de miedo.
Semanas atrás, NOTICIAS le ofreció al
ministro de Educación, Daniel Filmus, que escribiera
una columna de una página para dar a conocer
su plan de comprar un millón de computadoras
de cien dólares, en el marco del proyecto "una
laptop por chico" ideado por Nicholas Negroponte.
De esa manera, el ministro podía informar de
su gestión y comunicarlo a través de
un medio de alcance nacional, incluso sin necesidad
de gastar dinero en publicidad oficial en revistas
de baja tirada o programas de escasa audiencia. Mediante
sus asesores de prensa, el ministro Filmus se mostró
interesado y prometió escribir el artículo.
Pero el día de cierre, la columna del ministro
no apareció. En cambio llegó una escrita
por un empleado del ministerio.
¿Qué había pasado? ¿Por
qué Filmus prefirió no dar a conocer
el plan de su propia mano? Al inicio de su gestión,
el ministro hasta solía darle entrevistas a
NOTICIAS, pero tras la seria advertencia presidencial
de que no debía hablar con "ciertos periodistas",
Filmus optó por el silencio y esta vez no fue
la excepción.
Se supone que los ministros de cualquier país,
y mucho más los de Kirchner, son elegidos porque
tienen ideas propias, gozan de manifestarlas, se rebelan
contra las injusticias y son contestatarios. Se supone
mal. Ningún gabinete desde el retorno a la
democracia ha sido tan humillado como el actual, y
por su propio formador. Y lo que es más triste,
ninguno de ellos osa manifestarlo, porque de inmediato
recibe su merecido. Si hasta el siempre orgulloso
y díscolo Rafael Bielsa se retiró en
silencio, después de haber sido canciller de
Kirchner para luego ser menoscabado tras la derrota
electoral en Buenos Aires.
Resulta tan patético el papel de nuestro gabinete,
que parece necesario recordarle el hito del 10 de
diciembre de 1948, cuando la Asamblea General de las
Naciones Unidas aprobó y proclamó la
Declaración Universal de Derechos Humanos.
Los ministros deberían, para recobrar valor,
releer el artículo 19: "Todo individuo
tiene derecho a la libertad de opinión y de
expresión; este derecho incluye el de no ser
molestado a causa de sus opiniones, el de investigar
y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas,
sin limitación de fronteras, por cualquier
medio de expresión". Claro que a Kirchner
estas declaraciones de principios lo tienen sin cuidado,
sobre todo cuando entran en conflicto con su ética
de gestión.
|