Año XXII
Nº 1530 del 21-04-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

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  Opinión
  Libertad de expresión para los ministros
  NOTICIAS inicia una campaña solidaria a favor de los funcionarios a quienes se les prohibe hablar. Una mirada irónica y terrible sobre el miedo a Kirchner.
 
 

Cada tanto -semana de por medio, digamos- el presidente de la Nación suele enojarse con parte de la prensa u organismos que critican al Gobierno por condicionar la libertad de expresión. Más allá de las limitaciones que esta administración impone al periodismo, ahí no está la novedad. Tampoco en los continuos arrebatos presidenciales cuando no logra dominar los títulos que aparecen en los diarios. La noticia, dramática e increíble, es ésta: los ministros de Néstor Kirchner no tienen libertad de expresión.
El gabinete completo calla. Los ministros se autocensuran, aun cuando se les ofrezcan espacios para promocionar sus logros o proyectos. Prefieren así evitar la ira del santacruceño, aunque falten a su deber de difundir los actos de gobierno. Ahora, desde esta revista, donde desde octubre del 2003 venimos revelando las presiones oficiales a periodistas y medios de comunicación, creemos necesario salir en defensa de esos funcionarios de primera línea que tienen prohibido hablar. Alguien debía pedirlo, y sería bueno que organizaciones nacionales e internacionales que trabajan por los derechos humanos apoyen este pedido: libertad de expresión para los ministros de la Argentina, que están muertos de miedo.
Semanas atrás, NOTICIAS le ofreció al ministro de Educación, Daniel Filmus, que escribiera una columna de una página para dar a conocer su plan de comprar un millón de computadoras de cien dólares, en el marco del proyecto "una laptop por chico" ideado por Nicholas Negroponte. De esa manera, el ministro podía informar de su gestión y comunicarlo a través de un medio de alcance nacional, incluso sin necesidad de gastar dinero en publicidad oficial en revistas de baja tirada o programas de escasa audiencia. Mediante sus asesores de prensa, el ministro Filmus se mostró interesado y prometió escribir el artículo. Pero el día de cierre, la columna del ministro no apareció. En cambio llegó una escrita por un empleado del ministerio.
¿Qué había pasado? ¿Por qué Filmus prefirió no dar a conocer el plan de su propia mano? Al inicio de su gestión, el ministro hasta solía darle entrevistas a NOTICIAS, pero tras la seria advertencia presidencial de que no debía hablar con "ciertos periodistas", Filmus optó por el silencio y esta vez no fue la excepción.
Se supone que los ministros de cualquier país, y mucho más los de Kirchner, son elegidos porque tienen ideas propias, gozan de manifestarlas, se rebelan contra las injusticias y son contestatarios. Se supone mal. Ningún gabinete desde el retorno a la democracia ha sido tan humillado como el actual, y por su propio formador. Y lo que es más triste, ninguno de ellos osa manifestarlo, porque de inmediato recibe su merecido. Si hasta el siempre orgulloso y díscolo Rafael Bielsa se retiró en silencio, después de haber sido canciller de Kirchner para luego ser menoscabado tras la derrota electoral en Buenos Aires.
Resulta tan patético el papel de nuestro gabinete, que parece necesario recordarle el hito del 10 de diciembre de 1948, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Los ministros deberían, para recobrar valor, releer el artículo 19: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión". Claro que a Kirchner estas declaraciones de principios lo tienen sin cuidado, sobre todo cuando entran en conflicto con su ética de gestión.

   
 
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