Año XXII
Nº 1530 del 21-04-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

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  LIBROS
  Sabiduría, chistes y chismes
  "El maestro y las magas" de Alejandro Jodorowski. Sudamericana, 294 págs. $ 35.-
 
 

*** Y 1/2
De Alejandro Jodorowski podría decirse que es un cóctel de pícaro y genio. A su vez exhibe un carácter más cambiante que el mercurio. En sucesivos países (Chile, México y Francia sobre todo) fue titiritero, creador con el español Arrabal del "teatro pánico", director de películas de culto ("El topo", "La montaña mágica", "Santa Sangre"). En los últimos años se subió a la cresta de la ola de la sabiduría oriental, el Tarot y otras hierbas.
Sería una tontería acusarlo de oportunista. Él mismo asume sus máscaras. En un momento de este libro menciona la ocasión en que llegó a México "disfrazado de director de cine". En otra, cuando llegó "disfrazado de terapeuta". En efecto, su "psicomagia" cuenta con numerosos seguidores, y ha sido el motor detrás de sus últimos libros, difundidos con el perfil de los títulos de Coelho o Bucay. Con una diferencia: son absorbentes y divertidos, sin que haga falta estar de acuerdo con sus planteos. Porque en todos los casos lo que Jodorowsky hace es sobre todo narrar, contar chistes, trufar con chismes casi cada página.
La hilera de famosos con los que tuvo contacto es infinita. Algunos de ellos figuraban ya en su biografía "La danza de la realidad", de la que "El maestro y las magas" es una especie de suplemento. Aparecen desde George Harrison, hasta Dalí; desde Orson Welles (que casi trabaja en "Duna", si el proyecto se hubiera concretado), hasta el gran Moebius, dibujante de comics con quien hizo la serie del Incal.
La zona central la ocupa en este caso "el maestro" (y amigo) budista Ejo Takata, japonés que vivó gran parte de su vida en México. Todo lo referido al budismo, incluidos el uso (y a veces abuso) de "koans" y "haikus", tiene el tono y el perfil de lo verdadero, cuenta casi una novela de iniciación. La zona de "las magas" es más delirante. Aparecen allí la gran poeta y pintora Leonora Carrington, de espíritu profundo y desplegado, y de inmediato "la Tigresa" Irma Serrano, cuyos fulgores farandulescos y poderes de bruja se mezclan con el tejido de corrupción de la política mexicana. O "Doña Magdalena", una sabia del camino que sabe cómo licuar el cuerpo, los músculos y los huesos de alguien para dejar un cuerpo nuevo. O la hija de Gurdjieff, Reyna D’Assia, que quizá tuvo una hija de Jodorowsky.
Lo curioso es que el ámbito donde el autor ha sido menos eficaz es justamente el literario: un par de poemas que vienen aquí, o sus libros de relatos y novelas exhiben un estilo chato, descuidado. En cambio en estos libros de memorias y en sus reportajes despliega fuegos artificiales intensos, disfrutables, con frases magistrales, bruscos momentos de humor, y choques de realidades contrapuestas o piques ególatras que arrancan la carcajada del lector. l

   
  Por: Elvio E. Gandolfo | Fotos: Cedoc.
 

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