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En otras ocasiones
escribí sobre la clasificación de los barrios porteños,
lo que lleva a que surjan eufemismos como "Barrio Norte"
que define zonas bien variadas, como Palermo, que también
abarca espacios diferentes con nombres ocasionales como "Hollywood"
y "Soho", olvidando que se llamaba "Viejo".
Pareciera que el punto de referencia más importante de
la zona, es el que define el nombre del barrio. También
se habla de "Botánico" o "Zoo", que
se distinguen de "Plaza Italia", por ejemplo.
Pero tenemos una zona de Palermo que aun no adquirió identidad,
que va de Cerviño y Libertador, pasando por la Embajada
de los Estados Unidos, hasta las vías elevadas del tren.
Está tan cerca del Rosedal que podría adoptar su
nombre, o bien volver al curioso "Palermo 7", que instaló
hace años un grupo de restaurantes con el impreciso argumento
que era la séptima sección del barrio. Aun sin nombre
definido ya posee vida propia, entre otras cosas, por su actividad
gastronómica que, silenciosamente, crece. El último
restaurante inaugurado es "Elisabetta" que forma parte
de la familia ya integrada por "Anastasia", "Matilda"
y "Cosentina".
Fabian Assad, padre de esta familia, fogueado en "Las Familias",
"Piégari" y otros, tiene conocimiento cabal del
mercado y sus proyectos se encuadran dentro de realidades, lo
que no siempre pasa. Esta nueva casa, instalada en un edificio
ya centenario, que pareciera fue propiedad de Carlos Pellegrini,
aprovecha y adapta con ingenio sus espacios, con un interior compacto,
un entrepiso con dos salones y una terraza en el frente de la
casa, montada como un salón, con techo listo para cubrirla
en invierno y días de lluvia.
La cocina de "Elisabetta" está basada en las
tradiciones porteñas, con inclinación itálica
y personalidad, por ejemplo, un risotto con ragú de lomo,
ravioles con rellenos de empanada (de carne), un simpático
"Cafferato Cabrales", una personal versión de
las "cuerdas de guitarra" all´arrabbiata. Sin
olvidar los clásicos bocaditos de espinaca, bruschetta,
ciambotta, malfatti rellenos de espinaca y ricota con tomate,
crema y gratinados con mozzarella, choripancito, empanada caprese,
polenta grillada con tomates secos y albahaca, sopa de verduras,
boquerones, buenos langostinos con suave crema de ajos, rabas.
Además, una larga lista de vegetales de huerta, ravioles
de la nonna Annunziata, crêpes de centolla, spaghetti con
frutos de mar, más pastas, pescados, carnes y postres,
tiramisú con mascarpone, chocotorta, torta de banana split,
una abrumadora oferta que nunca olvida los gustos del paladar
ciudadano, preparada con profesionalidad y buenos productos.
El porteño no es, salvo minorías, complicado para
comer: le gusta la cocina tradicional, abundante y sabrosa, servida
con cortesía sin remilgos y en un ambiente confortable.
Claro que cada grupo social tiene sus preferencias, pero puede
decirse que el estilo de este restaurante responde tanto al barrio
como al amplio grupo de clase media alta que no renuncia a su
identidad gastronómica, que la afirma y convive feliz con
ella. ¿Para cuándo la próxima hermana? l
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