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La inglesa Sarah Kane pasó la mayor parte de su breve
vida (1971-1999) en clínicas psiquiátricas,
donde nada pudieron hacer para sacarla del pantano de depresión
que sin pausa la iba tragando. Alcanzó, no obstante,
a escribir algunas piezas notables, casi todas presentadas
en el Royal Court Theatre, de Londres, que la adoptó
como su autora fetiche desde la triunfal revelación
en el Festival de Bristol de 1991: "Enfermo",
"Reventado", "El amor de Fedra", "Ansia",
"Purificado". En 1999, Sarah se ahorcó
en un sanatorio y dejó terminada esta "4.48
Psicosis", que el RCT le estrenó en 2000.
¿Por qué un título tan extraño?
Las estadísticas prueban, en Gran Bretaña,
que la mayoría de los suicidios ocurren a esa hora
de la madrugada. Coincide, con escasos minutos de diferencia,
con la leyenda escandinava de que los moribundos expiran
a las cinco de la mañana, cuando el lobo vuelve a
su madriguera tras sus andanzas nocturnas: un viejo film
de Bergman se titula, precisamente, "La hora del lobo".
Inteligente, lúcida, desesperada, Sarah Kane es (sin
nombrarse) la protagonista de este monólogo escalofriante,
donde la víctima de una depresión profunda
expone al público, a lo largo de poco más
de una hora, la historia de su sufrimiento y su decisión
de ponerle fin.
Lo que Leonor Manso logra con este personaje supera, lejos,
cualquier catálogo de elogios que se intente aplicarle.
Es una verdadera transfiguración, la experiencia
alucinante de asistir a una agonía feroz, el resumen
de una vida que se sabe destinada a extinguirse antes de
tiempo por resultar insoportable. El espectador, hipnotizado
-y deslumbrado-, asiste, impotente, a este verdadero sacrificio
ritual. No se le ahorran, inclusive, momentos de raro humor,
porque Sarah es capaz de contemplar su destino con ironía,
hasta con serena altivez, sabedora de que no habrá
pastillas (no revelaremos aquí el uso, rotundamente
teatral, que hace el director de estas menudas grageas coloreadas),
ni tratamientos, ni persuasiones que le provoquen la ilusión
de colmar el vacío que la corroe en la raíz
del alma.
Excelente la traducción de Spregelburd, notable la
iluminación de Sirlin, sugestiva la banda sonora,
todo enmarca adecuadamente la formidable, agotadora prestación
de Leonor Manso, una actriz notable, en constante superación.
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