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La primera entrega demostró que "Fiscales, el
ojo de la ley", producido por Ideas del Sur, se propone
hacer periodismo televisivo de excelencia y que sabe cómo
lograrlo. La notable calidad del capítulo fue el
resultado de una serie de factores. En el comienzo, hubo
una idea original: mostrar el universo de la justicia a
partir de la tarea del fiscal -el encargado de investigar
los hechos para encontrar al supuesto culpable de un delito
y llevarlo a juicio-, una figura tantas veces abordada por
las ficciones norteamericanas que hasta ahora no había
tenido un lugar protagónico en los ciclos periodísticos
de la TV argentina. A eso se sumó una investigación
rigurosa y una realización que no olvidó ni
por un instante la necesidad de narrar en lenguaje televisivo.
Por último, la sensatez de haber puesto al frente
de "Fiscales..." a una periodista, María
Laura Santillán, en lugar de ceder a la tendencia
que echa mano a modelos o actrices para conducir programas
que nada tienen que ver con el glamour de las pasarelas
ni con la actuación.
Santillán reúne las condiciones ideales para
el desempeño de esa tarea: una trayectoria en la
que ha dado muestras de profesionalismo, una presencia fuerte
ante la cámara pero sin la estridencia de quien quiere
brillar por encima de los hechos o de los entrevistados,
dos experiencias previas -"Justicia para todos"
y "No matarás"- en las que transitó
con solvencia el mundo de los casos judiciales.
En la noche del debut, el ciclo se centró en dos
casos que atraparon al espectador y no le dieron respiro
hasta el final. "Culpables hasta que se demuestre lo
contrario" contó la pesquisa realizada por una
comisión de fiscales, encabezada por el actual juez
Daniel Rafecas, en la que se descubrieron 164 acusaciones
falsas, armadas por la policía con el fin de hacerles
creer a los medios y a la opinión pública
que estaban combatiendo el delito cuando, en verdad, se
dedicaban a embaucar a los más vulnerables (desempleados,
vendedores callejeros, inmigrantes ilegales) y a apresarlos
como presuntos culpables cuando eran inocentes. Con los
testimonios de dos víctimas como eje, la historia
tuvo dimensión humana y logró transmitir la
impotencia de esos dos ciudadanos atrapados en el laberinto
de una mentira planificada. En el segmento siguiente, una
fiscal acompañó a los padres de un ingeniero
asesinado dos años antes, a efectuar el reconocimiento
del homicida en una rueda de presos. La narración
fue impecable: un verdadero corto documental cargado de
tensión y suspenso.
"Fiscales..." demuestra que en la televisión
abierta hay un espacio fértil para los ciclos periodísticos,
fuera del transitado camino de la mesa con invitados y la
agotada tendencia de las denuncias al paso lanzadas a boca
de jarro. l
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