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Inspirado en un formato de origen francés, "Habitación
414", invita a una figura consagrada a instalarse en
un cuarto de hotel donde recibe una serie de visitas sorpresa
(amigos, parientes, colegas y famosos de diversa índole)
con las que entabla conversación. Ayudado por fotos
y objetos destinados a estimular su memoria emotiva, el
homenajeado evoca diversos momentos de su vida personal
y profesional. El relato es ilustrado con imágenes
que dan cuenta de un muy buen trabajo de archivo. Desde
una habitación contigua, Iván de Pineda, sigue
el desarrollo de los encuentros en la pantalla de un monitor
y, cada tanto, llama por teléfono a la 414 para hacer
algún comentario, pregunta o sugerencia.
En las tres emisiones que se han visto hasta ahora, el ciclo
tuvo el mérito de que los protagonistas fueran figuras
populares y heterogéneas: Andrea del Boca, Julián
Weich y Víctor Hugo Morales. En los dos primeros
casos, la emoción jugó un papel central; Víctor
Hugo, en cambio, desechó el juego de las lágrimas
y apostó al relato de anécdotas y a la exposición
de su modo de pensar la profesión y la vida. Esa
última entrega fue, por lejos, la más lograda
de las tres.
El aspecto más débil del programa reside en
la imposibilidad de Iván de Pineda para encontrar
su lugar en el formato. En los parlamentos a cámara,
aún le falta la soltura propia de los conductores,
y sus intervenciones telefónicas cortan el clima
intimista que el ciclo busca generar para aportar muy poco.
Concebido como un producto ameno, resuelto con una producción
cuidada y presentado con buena calidad de imagen, el programa
alcanza sus mejores momentos cuando transita por el camino
de la seriedad y el diálogo inteligente. En tal sentido,
fue impecable el diálogo del psicólogo Gabriel
Rolón con Andrea del Boca sobre la experiencia de
haber trabajado en la TV desde niña y el modo en
que esa infancia atípica marcó su biografía.
Igual de interesante resultó, por citar otro ejemplo,
la charla de Víctor Hugo Morales con Alejandro Fantino
en la que el relator recordó los días que
pasó en una prisión uruguaya.
Por el contrario, el ciclo pierde personalidad en los pasajes
en que cede a los trajinados lugares comunes televisivos
como las preferencias sexuales de los entrevistados con
preguntas del estilo "¿arriba o abajo?"
o la machacona curiosidad sobre el tamaño del pene
de cada quien. De hecho, Víctor Hugo Morales se mostró
desconcertado ante la histriónica irrupción
de Pamela David, vestida para el infarto, y su propuesta
de que la recibiera ataviada en baby-doll, cosa que rechazó
con la elegancia propia de un caballero.
Con independencia de sus aciertos y errores, en materia
de rating "Habitación 414" carga con el
peso de haber salido al ruedo televisivo en un día
y horario (lunes, a las 23) que lo obligan a competir con
tanques como "ShowMatch", que en ese día
emite el rendidor "Bailando por un sueño",
y las diversas opciones que Telefé le va poniendo
enfrente y que, dada la batalla por conquistar televidentes,
siempre son pesos pesados. l
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