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El afiche original del film (que es ahora la cubierta del video)
muestra un equipo de fútbol compuesto por once Maradonas.
En el centro, abajo, arañando la pelota, el chico de Villa
Fiorito que prometía tanto y cumplió. A los lados
se ubican un Maradona adolescente, otro porrudo, un gordo con
apariencia de Mandarín, el de más allá teñido
de rubio furioso. Las mil y una caras de un ídolo popular
que va más allá de las maravillas que ofreció
en la cancha. La película de Javier Vázquez apunta
al fervor que despierta el ídolo en esta y otras latitudes.
Es la mano de Dios, el que se hundió en la droga y se recuperó
milagrosamente, el protagonista de escándalos y celebraciones.
El héroe mediático convertido en leyenda viva. De
Cuba a Nápoles, de Barcelona a Buenos Aires, todos -colegas,
empresarios, artistas- parecen estar con Diego y perdonarle todo.
Un testimonio hasta cierto punto revelador sobre la necesidad
de proyectarse en ese fenómeno que todo lo puede.
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