Reina la pintura en
las muestras de Gabriel Salomón y Carolina Antoniadis,
complementadas por fotografías, esculturas, y otros objetos
culturales de diversa procedencia. Ambos parecen aunados también
por una especial sensibilidad hacia el mundo del diseño
y de los textiles.
Gabriel Salomón (Buenos Aires, 1943) vuelve a la galería
Rubbers con "Obras 1996/2006", tras sus recordadas pinturas
"negras" de hace diez años y las de la anticipatoria
serie del "humo" (recordar la destrucción de
las humeantes torres gemelas de Nueva York) que exhibió
tiempo después. Es un conjunto ecléctico que aborda
con múltiples técnicas y materiales una aguda reflexión
en torno al arte y expresa su manera de situarse ante el mundo.
Salomón reconoce al arte como espacio de ambigüedad
y redobla la incertidumbre al interrogar la esencia de su trabajo.
"La obra como actos de pensamiento, cuya lectura como arte
permanece siempre en la duda", advierte el artista. Por supuesto,
el sentido está en la obra y el artista ofrece huellas
para que la mirada de cada espectador termine asignándole
diversos significados.
La serie de "Lo último en arte" maneja cierta
ironía al proponerla como marca de ciertos ritos y pasajes,
ya que los arroja o deposita en lugares significativos para su
biografía. Son cubos numerados de diversos materiales -piedra,
vidrio, hierro, aluminio, mármol- que llevan la citada
inscripción, junto a la fecha y nombre del artista. Junto
a los vibrantes papeles y collages de intención celebratoria,
sobresalen las torres de chapas de hierro y las piezas con géneros,
entretejidos, rasgados y anudados. Las llamadas "Tramas"
apelan al espectador por su sensualidad y dulzura. Hay una cierta
corriente de afecto en esos jirones de telas de varios colores
que, más que representar una ruptura, parecen cobijar algún
secreto, algún nacimiento.
En tanto, Carolina Antoniadis (Rosario, 1961) presenta "Pluscuamperfecto"
(galería Del Infinito) y "Domus referencial"
(Centro Cultural Recoleta), muestras simultáneas que recuperan
una historia familiar y ponen en relieve su placer por pintar.
Las coloridas y apasionadas pinturas y los objetos exhibidos sintetizan
tramos de una biografía y revelan el marcado interés
por el diseño que recorre toda la obra de la artista. Si
en piezas anteriores Antoniadis recurre a muchas de las imágenes
de la infancia para así "seguir jugando", en
"Pluscuamperfecto" (Quintana 325 PB) suma las presencias
de sus afectos para especular sobre las concurrencias que podrían
haberse establecido entre ellos. En "Domus referencial"
(Junín 1930), que suma pintura mural y fotografías,
se asoma de manera excluyente a su mundo privado, a una cotidianeidad
que se piensa única.
Entre el simulacro y la reconstrucción, las muestras de
Antoniadis además de pinturas exhiben tanto los jarrones
de la abuela como los platos decorativos que alguna vez vistieron
su comedor, reproducido digitalmente en las salas de exhibición.
Así, aún cuando aparezca compartiendo su universo
íntimo con los espectadores, la artista borra las facciones
de los rostros y se interna por silenciosos vericuetos que la
tienen a ella y a los suyos como protagonistas. Principio y fin
de sus memorias y de este momento artístico, subrayado
por las formas circulares pintadas con laca transparente que imprimen
ciertos ritmos y lo envuelven todo; misteriosamente. l
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