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Cafayate es la perla
de los Valles Calchaquíes y uno de los hitos de la famosa
ruta 40. Ubicado a unos mil setecientos metros de altura, con
clima diáfano y horizontes soñados. Además,
es el área vitivinícola más importante del
noroeste, famosa por su Torrontés, pero también
por otros cepajes como el chardonnay, malbec, cabernet sauvignon
y tannat. Si bien tiene un activo turismo tanto local como del
exterior, hasta ahora no tenía un hotel cinco estrellas,
como el recientemente inaugurado "Patios de Cafayate Hotel
y Spa", administrado por el operador Starwood Hotels &
Resorts Worldwide, que lo colocó en el escalón más
alto de sus hoteles, The Luxury Collection.
El hotel se encuentra en terrenos de la bodega El Esteco, al lado
de la bodega misma, instalada en 1892 por los hermanos David y
Salvador Michel, en un edificio que aun conserva partes de la
construcción original, y que produce conocidos vinos bajo
las marcas "Altimus", "Ciclos", "Don
David" y "Elementos". El hotel ya existía,
pero la reforma y ampliación fue importante y se esforzaron
en mantener su estilo colonial. Se restauraron tanto las habitaciones
como los salones, la pileta y los patios. Los decoraron sin que
pierdan su identidad original, sumando el confort moderno. Cuenta
con treinta habitaciones y tres suites, varias salas de estar,
jardines, pileta y un original "wine spa" que incluye
masajes con pulpa de uva (en épocas de vendimia) y también
con piedras calientes, onix y hasta uno "romántico",
variados tipos de baño, tratamientos de belleza y un masaje
de vino tinto o blanco en un jacuzzi.
Obviamente cuenta con su restaurante (y una excelente terraza
para tragos o tés), con la alternativa de comer en el salón
o bien en una galería que da al gran patio sombreado por
un gigantesco árbol. Inesperadamente la cocina está
a cargo de un chef italiano, Dino Pisellini (38), que se formó
en la Escuela de Hotería de Belluno, y luego trabajó
largos años en el "Cipriani" de Venecia, el "Copacabana
Palace", los "Sheraton" de Río de Janeiro,
Sao Paulo y Salta. Pisellini armó varios menús diferentes,
uno que respeta con seriedad los platos regionales, muy buenas
empanadas, locro, chivito asado, postres, etcétera. Pero
también, otros platos donde el tratamiento de los productos
se inserta en una cocina con matices europeos, por ejemplo, ensalada
de trucha ahumada (de los ríos de la zona), espinaca, brotes
de soja y gajos de naranja con salsa de estragón, timbal
de berenjenas relleno con ragú de pollo y espárragos,
con caramelo de uva y crocante de tomate, pasta al ají
quitucho criollo (rellena con queso de cabra ahumado y salsa de
alcaparras, aceitunas negras, ajo y perejil), lomo al Malbec (asado,
salsa de Malbec, acompañado con quinua y papas andinas).
Atractivos postres como peras al Torrontés y azafrán.
Las preparaciones son sabrosas, menos complejas que su descripción,
respetuosas de los sabores de los productos y siempre acompañadas
con adecuadas sugerencias de vinos de la zona. Pisellini reconoce
su pasión por las papas andinas y, como los menús
son estacionales, promete que irá incorporando variados
platos con ellas.
El turismo argentino crece día a día y el nacimiento
de hoteles de primer nivel, especialmente atractivos para los
visitantes internacionales, son la mejor contribución para
que, finalmemente, la Argentina reconozca al turismo como una
fuente de riqueza. l
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