Año XXII
Nº 1532 del 06-05-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

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INGENIO. Los actores se lucen bajo la dirección de Suárez Marzal.
 
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  TEATRO
  Amores y amoríos
  "El perro del hortelano", de Lope de Vega, versión y dirección de Daniel Suárez Marzal. Con Sandra Guida, Paulo Brunetti y otros. Teatro de la Ribera.
 
 

* * * *
“… ni come él, ni deja comer al amo", dice el refrán. Lo mismo la condesa Diana de Belflor: enamorada de su secretario, Teodoro, no puede permitirse ese amor por quien es poco más que un criado, pero tampoco tolera que el muchacho dedique sus ardores a Marcela, una de sus servidoras. Con su consagrada destreza, Lope de Vega (1562-1635) enhebra en versos bellos una trama de humor y fantasía. De ironía y hasta de cinismo, también. Porque no se le escapan al autor el ridículo de las arcaicas convenciones nobiliarias (estamos en el siglo XVII y en el reino de Nápoles, gobernado entonces por España), ni el oportunismo de Teodoro, deslumbrado por el esplendor cortesano de que se rodea Diana y dispuesto a recurrir a Marcela cuando a él le conviene. De las mil cuatrocientas piezas que en su tiempo, se le atribuían a Lope, la más famosa, siempre de actualidad en este mundo engañoso, es "Fuenteovejuna", donde critica, en pleno auge de las monarquías absolutas, a los gobernantes autoritarios y corruptos. Perdura, asimismo, el encanto de "La estrella de Sevilla", "El caballero de Olmedo", "El anzuelo de Fenisa" y otras piezas dedicadas a enredos amorosos, en los que el dramaturgo era experto en su vida íntima.
Entre esas elegantes, vivaces tramas de idilios contrariados y finales inverosímiles pero felices, "El perro del hortelano" se destaca por el fresco ingenio de los versos que fluyen con una naturalidad que suele ser esquiva a los actores argentinos. El director Suárez Marzal es, sin embargo, ducho en estas lides y logra que sus intérpretes salgan ilesos del compromiso. Sandra Guida, memorable Velma de "Chicago", es una Diana cautivante, voluble, astuta y segura de su posición social. Paulo Brunetti, que en aquella "Numancia" reveló su talento, encarna a un Teodoro muy simpático, y Javier Lorenzo es un irresistible Tristán, el criado entrometido. Visualmente, el espectáculo es de una hermosura singular, con el espléndido vestuario de Mini Zuccheri, la refinada escenografía de Pigozzi (inspirada en el Claustro de las Mayólicas, en Santa Clara, de Nápoles). l

   
 

Por Ernesto Schoo | Foto: Gentileza TGSM.

 

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