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Traición y venganza: sobre esos dos pilares está
construida "Montecristo", la novela que Alejandro
Dumas publicó por entregas a mediados del siglo XIX.
La obra traía en el orillo la marca de la universalidad,
a tal punto que en la Argentina del siglo XXI, los guionistas
Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño se atreven
a adaptarla para la televisión y a aggiornar las
piezas del original con el fin de tocar una cuerda particularmente
sensible en la memoria del público local: los horrores
perpetrados durante la última dictadura militar.
Así, la telenovela presenta al Edmundo Dantés
de Alejandro Dumas como Santiago Díaz Herrera (Pablo
Echarri), un joven abogado que a mediados de los años
‘90 vive como quien transita una autopista despejada:
tiene planeado casarse con la mujer que lo enamora, Laura
(Paola Krum), consiguió el puesto de secretario en
un juzgado, y viajará de Buenos Aires a Marruecos
junto a su mejor amigo, Marcos Lombardo (Joaquín
Furriel), para participar en un torneo de esgrima. Pero
la realidad le tuerce ese destino venturoso. Su padre (Mario
Pasik), un juez honesto, tiene entre manos la causa de un
médico implicado en la apropiación de bebés
durante la dictadura. El ginecólogo sospechado, Alberto
Lombardo (Oscar Ferreiro), no es otro que el padre de Marcos,
quien le envidia a Santiago su relación con Laura
y su éxito profesional. Traicionado por su amigo,
Santiago pasa diez años en una prisión de
Marruecos. Entretanto, víctima de un siniestro plan
de Alberto, su padre es asesinado. Con la ayuda de Ulises
(Ulises Dumont), un traficante de arte al que conoce en
la cárcel, Santiago va descubriendo la trama de la
traición. En el 2006, regresa a Buenos Aires, donde
todos lo dan por muerto, decidido a vengarse. El escenario
que lo espera es desolador: Laura se va con Marcos.
Al destacado trabajo de los autores para estructurar la
narración, se suman un prolijo trabajo visual
-las imágenes grabadas en Marruecos resultaron particularmente
atractivas- y la convincente actuación de Pablo Echarri.
Las composiciones de Joaquín Furriel y Paola Krum,
en cambio, por el momento resultan inexpresivas y, en consecuencia,
Marcos y Laura lucen desprovistos de carnadura. Exactamente
lo contrario ocurre con el desempeño de Rita Cortese
y Roberto Carnaghi, quienes se apropian de sus respectivos
personajes de un modo que es de agradecer. A ella, le toca
interpretar a una fiel colaboradora del juez asesinado,
empeñada en conocer la verdad; él fue un esbirro
al servicio de Lombardo durante la larga noche del terror
que ingresó en la temible categoría de "mano
de obra desocupada".
A juzgar por los primeros capítulos, "Montecristo"
se presenta como una ficción que asume riesgos y
que se jugará su carta más difícil
cuando comience a desentrañar la abominable trama
de la apropiación de niños. l
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