Aunque comparten miles
de kilómetros de fronteras, los países Venezuela
y Colombia se encuentran hermanados en Buenos Aires a través
de dos de sus artistas más representativos: Jesús
Soto y Fernando Botero. Reconocidos en el mundo y populares en
sus lugares de origen, altamente cotizados y con estéticas
que se encuentran en las antípodas, estos artistas discurren
entre la abstracción y la figuración.
"Jesús Rafael Soto. Visión en movimiento"
es la espléndida muestra en Fundación Proa del notable
artista venezolano, figura central de la abstracción geométrica
en América latina y precursora del arte cinético
originado en París a partir de los años 50. Lejos
de la representación de la realidad y de cualquier huella
aparente de subjetividad, la obra de Soto (1923-2005) nace del
romance del arte y ciencia, que comparten la búsqueda y
el placer por la creatividad y la revelación de lo intangible.
La muestra está integrada por tempranas obras de la década
del 50, en un recorrido que llega a las monumentales piezas de
fines de los 90 como la serie de los "penetrables" que
crece con la interacción del espectador. Precisamente,
un "penetrable" azul espera a los espectadores en la
vereda de Proa.
Organizada en conjunto con el Museo Tamayo Arte Contemporáneo
de México, con la curaduría de Tatiana Cuevas y
Paola Santoscoy y la coordinación e investigación
de Cecilia Rabossi en Buenos Aires, esta es la primera exposición
en la Argentina que da cuenta de los trabajos de uno de los artistas
que no se conforman con representar el movimiento: Soto lo presenta
directamente. Su obra cinética posee partes que se mueven
a través de mecanismos manuales, por efectos ópticos
y lumínicos, y por otros dispositivos destinados a lograr
el movimiento, que el viento impulsa en las esculturas al aire
libre. Rotaciones y repeticiones, conceptos físicos y matemáticos,
nuevos materiales y efectos para crear obras que, entre una apariencia
de inestabilidad y perfección, parecen máquinas,
partes suspendidas de una escultura o relieves discontinuos, que
incluso aparecen moviéndose al compás del desplazamiento
del espectador. Hasta el 3 de septiembre; martes a domingos de
11 a 19 (lunes cerrado). Entrada $ 3, estudiantes $ 2, jubilados
$ 1. Escuelas: visitasguiadas@proa.org.
Entre tanto, la penetrante muestra "El dolor de Colombia
en los ojos de Botero", desplegada en el Museo Nacional de
Bellas Artes, logra trasuntar la tristeza del artista por el aparentemente
interminable espiral de violencia en su país. La brutalidad
data por lo menos de 1948, cuando cayó asesinado el líder
liberal Jorge Eliecer Gaitán, gatillando el estallido popular
que se extendió por el resto del país conocido como
"Bogotazo" con un consecuente baño de sangre
que se cobró al menos 300.000 vidas en los años
siguientes. Botero alude a la violencia de la guerrilla, los paramilitares
y los narcotraficantes, con la consabida secuela miles de víctimas
fatales y deudos traumatizados, pueblos arrasados y civiles desplazados.
Sinónimo del arte contemporáneo de Colombia, Fernando
Botero (Colombia, 1932) elige realizar su reflexión a través
de 27 dibujos y 23 pinturas de entre 1999 y 2004, con el sello
inconfundible de sus personajes "inflados". También
reconocido escultor de una vasta trayectoria internacional, en
su pintura Botero nunca se ha alejado de una imagen con cierto
tinte costumbrista en donde, en aras de una mayor sensualidad
y vitalidad, juega un papel central el volumen de las figuras.
Colores vivos y formas hinchadas en esta galería de fusilamientos,
explosiones, ataúdes, llantos, secuestrados, asesinados.
Las obras, donadas por el artista, provienen del Museo Nacional
de Colombia. Hasta el 13 de agosto, lunes a miércoles de
12.30 a 19.30, jueves y viernes de 12.30 a 21.00, sábados
de 9.30 a 21.00, domingos de 9.30 a 19.30. Entrada $ 9; jubilados
y menores de 12, exentos; martes gratis. l
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