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Año XXII
Nº 1540 del 01-07-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

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ENTRE SILLAS. La ópera cautiva con sus mejores encantos.
 
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  Mágica y misteriosa
  "Sueño de una noche de verano", ópera de Benjamin Britten, con Fabrice di Falco, Pamela Coburn, Gary Tushaw y elenco. Dirección: Arthur Fagen. Régie: Paul-Emily Fourny. Teatro Colón.
 

* * * *
La producción operística de Benjamin Britten suma más de una docena de títulos y en ellas priman las tragedias. "Sueño de una noche de verano", inspirada en la obra de Shakespeare, es una comedia deliciosa en la cual se pueden encontrar las mejores virtudes de un compositor excepcional, tan amplio en sus potencialidades que no demuestra ningún impedimento ni menoscabo para plasmar los mejores sonidos para vestir de magia y fantasía los bosques de las afueras de Atenas. Con todo, menester es aclararlo desde el comienzo, lejos de las búsquedas líricas de tiempos anteriores, no sólo de música vive la ópera del siglo XX y, en esta ocasión, es la puesta, con componentes de una inusual belleza visual, lo que permite que esta ópera tenga su mejor realización y cautive con sus mejores encantos.
En el escenario, a puro simbolismo, aparece, en el primer acto, una acumulación caótica de sillas, muy similares a las de la platea del Colón, conformando una pirámide circular. El desorden que prima en ella es paralelo a la anarquía que produce Puck con sus pócimas mágicas aplicadas, por error, a quienes no corresponde. En contraposición, en el último acto, cuando los asuntos se resuelven prolijamente, las sillas están prolijamente ordenadas, como si de un auditorio se tratara, para observar la actuación de los artesanos en lo que será una típica escena de teatro dentro del teatro aunque, en este caso, a puro grotesco y con situaciones de verdadera comicidad.
Del amplio elenco, hay que destacar, particularmente, al tenor Jonathan Boyd, con una voz poderosa y un canto diáfano, a Graciela Oddone, una soprano que acostumbra ofrecer actuaciones soberbias, Ricardo Cassinelli, el experimentado tenor dramático que, aquí, construye con gran comicidad el doble personaje de Flute-Tisbe, y el Coro de Niños, con una tarea estupenda, a pesar de las dificultades que plantea la partitura.
La música de Britten, con una estrategia compositiva de alto vuelo que propone diferentes timbres y toques para los distintos personajes según sean las hadas, los amantes o los artesanos, es muy apropiada para el devenir dramático, más allá de cierta lentitud discursiva. Pero en esta ocasión, la mayor fascinación es la que es proveída por una escenografía bellísima, potenciada por juegos de luces y situaciones escénicas y teatrales esplendorosas, dignas, vaya que sí, de ir a ser observadas.

   
  Por: Pablo Kohan | Foto: Gentileza Teatro Colón.
 

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