Año XXII
Nº 1540 del 01-07-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

 
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Cambio. Un texto nuevo, sin ironía.
 
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  El realismo va y viene
  “Mauricio o las elecciones primarias”, de Eduardo Mendoza. Seix Barral, 365 págs. $ 39.-
 
 

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A esta altura es evidente: todo intento de retratar o describir la realidad o "lo real" nunca logra hacerlo en una relación 1:1. Siempre hay un desfasaje, un corrimiento. A primera vista esta novela de Eduardo Mendoza parece abarcar un período de la "transición española", antes de las Olimpiadas de Barcelona, a través de personajes cálidos y paradójicos, queribles, casi con el carácter despejado y claro de una novela del siglo XIX. Pero pronto se complican las seguridades aparentes.
El propio Mendoza ya había experimentado (o sufrido) un destino semejante al de Vázquez Montalbán, uno de sus colegas. En ambos casos sus "novelas policiales" se recordaban y solían leerse más que sus esfuerzos más enjundiosos y extensos. Pero no se debía a alguna supuesta facilidad del género, sino a la originalidad de esos libros. El detective Pepe Carvalho acompañó a través de sus primeras novelas, año a año, ese paso del franquismo a la democracia. En el caso de Mendoza, "El misterio de la cripta embrujada" y "El laberinto de las aceitunas" inventaban un personaje y un entorno a la vez barroco y lumpen inolvidables, desopilantes.
En su última novela, Mendoza deja de lado tanto la ironía de "El tocador de señoras" o "El último trayecto de Horacio Dos", como los intentos "literarios" de "La ciudad de los prodigios" o "La isla inaudita", para entregarse al parecer por entero a la historia misma, sin dobles intenciones.
Pero un primer dato que se aparta de esa visión simple del libro es que su historia casi no existe. Hay un triángulo afectivo, pero desganado. El Mauricio del título es un odontólogo inteligente, bienintencionado y agradable, pero un poco tonto, incluso para él mismo. Primero conoce a Clotilde, una mujer de clase media hiperlúcida, bella pero también propensa a caer en trampas previsibles. "La" Porritos, por su parte, es un cromo de la antigua política de resistencia: popular y potente al comienzo, irá siendo destruida de a poco por su propia historia, al mismo tiempo, a su manera, como el tejido social y humano entero de Barcelona.
Esos tres personajes y una vasta corte de acompañantes, entre familiares, amigos o socios de partido o de empresa, no se difuminan para dejar paso al fresco social, sin embargo. Existen con el peso de los grandes personajes, sin serlo. Uno de los tantos puntos fuertes del libro son los diálogos, donde Mendoza usa con extrema agudeza su fino oído para registrar quiebres del lenguaje popular o de la clase media esquiva, pero también no se niega discusiones sobre política o evolución social, con largas tiradas. Su maestría de supuesto "autor omnisciente" reside en equilibrar esos elementos desparejos a través de las extensiones y la estructura.
Un lector argentino descubre que las trapisondas y tropiezos de la democracia española tienen muchos puntos de contacto con lo que ocurrió en el Río de la Plata. Aquí España se revela como un país tan falible y débil como los de América Latina. Pero es un efecto colateral. Con una historia de antihéroes, Mendoza logra conmover, y a la vez hace reír. Entre la lucidez cruel y la compasión, recuerda al mismísimo Chéjov. l

   
  Por: Elvio E. Gandolfo | Fotos: Cedoc.
 

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