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Mar del Plata es una
ciudad singular, como todas las ciudades veraniegas del mundo,
y eso que tiene entidad propia, con más de quinientos mil
habitantes permanentes, cifra que se quintuplica en enero, el
mes turístico por excelencia. Los cambios estacionales
se notan mucho y los horarios de los negocios no son los mismos.
Cuando reina el frío la oferta de restaurantes, espectáculos,
lugares para compras y entretenimientos se reducen. Como puerto
de mar y pesquero, la oferta de pescados y mariscos es más
grande que en Buenos Aires, aunque no tanto como debería
serlo, porque el abuso de pesca industrial agotó todo el
litoral marítimo argentino desde Samborombón a Tierra
del Fuego. Situación que provoca indignación a los
marplatenses, aunque no en las autoridades del caso: algunos sectores
indican que para reponer la fauna marina diezmada se debe dejar
de pescar seis o siete años.
A pesar de todo se puede comer buenos pescados y mariscos, especialmente
en la zona del puerto, aunque muchos aficionados protestan con
frecuencia por los puntos de cocción y otros detalles de
las preparaciones. Un clásico de la zona es "Viento
en popa", que cuenta con un experimentado capitán
gastronómico, Ñeco Cioffi (69), con amplia experiencia
en la restauración, años en California, luego el
popular "La Cacerola" (‘70 al ‘87), un paso
por Buenos Aires y finalmente en esta casa desde el ‘92,
en donde lo acompañan sus hijos Clara y Juan. Su filosofía
como cocinero es simple: sólo pescados y mariscos frescos,
preparados en las formas más sencillas, conservando sabores
y jugos, con salsas suaves. También se pueden disfrutar
cazuelas, paellas, ni olvida ensaladas, sopas, carnes y pollos,
pastas y omelettes, postres y helados.
Esta orientación de la cocina se extiende a las entradas:
mayonesa de pescado, arenques a la crema, tomates rellenos, atún
a la cacerola, sopas "La cacerolísima" (o de
cebolla). Entre los mariscos: muy buenos langostinos de la casa
o en camisa, pulpo a la gallega, rabas, calamaretes a la leonesa,
mejillones a la provenzal, paella, arroz y cazuela. Los pescados:
lenguado cacerola, chernia de la casa, buen abadejo ajo arriero,
pez espada, milanesa de atún. También carnes, como
lomo con champiñones o a la pimienta, pollos (al ajillo,
a la provenzal, a la portuguesa). Además, pastas como vermicelli
alle vongole, ravioles a la crema, tallarines con salsa de brótola,
crêpes de espinaca con jamón y queso. Para el final,
los postres como el celebrado "Paula Garreton", creado
por Tite Elizalde en "La Cacerola". Las porciones son
generosas y el menú deja constancia que la oferta de pescados
y mariscos depende de la pesca del día.
El local tiene la particularidad de no tener cartel en su entrada,
por lo que el comensal tendrá que prestar atención
al número de la calle. Esto no es grave porque es un restaurante
muy conocido y concurrido, por lo que los clientes acostumbran
a reservar hasta con una semana de anticipación y, sobre
todo en temporada, no conviene correr riesgos. El salón
es sencillo, cómodo, aunque como suele estar colmado y
con gente esperando, a veces se torna abigarrado y ruidoso, lo
que no impide que los comensales disfruten con entusiasmo. l
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