Año XXII
Nº 1540 del 01-07-2006
Publicación semanal de Editorial Perfil

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Inspirados. Excelentes actores en una puesta fuera de lo común.
 
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  TEATRO
  Costumbre criolla
  "Un amor en Chajarí" (Teatro berreta de cámara)". Con A. Sánchez, E. Soto, K. Frau y G. Moyano. Dirección: A. Ramos. Teatro del Abasto.
 
 

* * * *
Chajarí es una localidad cercana a Concordia, Entre Ríos. Desde allí, pleno litoral, tres singulares personajes se han trasladado al extremo sur de la Argentina, a un lugar perdido en la vasta soledad patagónica. Un padre que ya ha muerto pero cuya presencia virtual se hace sentir, engatusó a un hombre un joven empleado público de baja categoría, vendiéndole la perspectiva de encontrar petróleo en el lejano sur. El trato incluye el casamiento con una de sus dos hijas. El petróleo se hallaría en el sótano de una estación de servicio y almacén de ramos generales, que conoció tiempos mejores. Hacia allá parten los recién casados y la hermana soltera de la novia. Apenas llegados, un accidente deja inválida a la esposa; no hay tal petróleo, ni lo habrá; el paradero decae día tras día, casi nadie pasa por allí, salvo el viento y bandadas de patos salvajes que suministran alguna variante gastronómica; Chajarí y Concordia son evocadas como un paraíso perdido. El hombre se empeña en que un hijo varón lo rescatará de ese infierno. Pero ni la paralítica ni él son fecundos, y la cuñada insiste en que ella podría tener ese hijo.
La llegada de un cuarto personaje desata a todas las furias que andaban reptando por esos andurriales, hasta un final desgarrador y tan insólito como esta obra, densa de misterio y de humor renegrido. Difícil de ubicar y calificar, podría ser una muestra de grotesco, trasladado de su habitual escenario urbano a un costumbrismo ni siquiera rural sino directamente primitivo. Podría ser también una suerte de "Barranca abajo", de Sánchez, vista en el espejo deformante de la postmodernidad. Y hasta una aproximación al esperpento de Valle-Inclán ("Divinas palabras", por ejemplo), pero en clave argentina. Sea como fuere, es un espectáculo fuera de lo común, con una cuidadosa, inspirada puesta, muy de acuerdo con lo sorprendente de la historia. Porque en la superficie se trata de un naturalismo exacerbado -todo lo que se ve en escena es real, hasta la comida- y, sin embargo, se abren suficientes grietas para que asome la inquietante posibilidad de que haya algo más, allá afuera: algo que no es benévolo, sino todo lo contrario. Los actores, excelentes, se mimetizan con la sordidez y la desolación de esa atmósfera irrespirable. Tan familiar, al mismo tiempo. l

   
 

Por Ernesto Schoo | Foto: Gentileza Teatro del Abasto.

 

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